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Golpe a las libertades por Sergio Sarmiento

Golpe a las libertades

Sergio Sarmiento

La clase política de nuestro país sigue empeñada en atacar las libertades individuales, en un afán por controlar cada detalle de los procesos electorales.
Las modificaciones constitucionales publicadas en el Diario Oficial del 13 de noviembre, y que entraron en vigor un día después, fueron un primer golpe. Con estas enmiendas se confiscaron, sin indemnización, tiempos a las emisoras de radio y televisión, pero además se prohibió a las personas físicas o a las instituciones independientes contratar tiempos de medios para presentar sus ideas o cuestionar las propuestas de los políticos.
Con el nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, el Cofipe, que todavía no se aprueba, los políticos le están pidiendo al Instituto Federal Electoral que dé “lineamientos” a las emisoras de radio y televisión para la cobertura de las campañas electorales en sus noticiarios. Establece también castigos a los medios por violación a la ley, que pueden ir hasta la suspensión de las transmisiones, sin ofrecer derecho de audiencia o juicio previo. El Cofipe establece también limitaciones a la colocación de anuncios políticos en medios escritos y en internet.
La reforma electoral ha servido fundamentalmente para que la clase política mexicana se cobre unos supuestos agravios de los consejeros del ife, los cuales están siendo destituidos de manera gradual por el pecado de haber cumplido con su deber en el proceso electoral de 2006, y de los medios de comunicación. A éstos les achacan una prepotencia de la que quizás algunos comunicadores no estén exentos; pero el mensaje de los políticos es que ellos, y sólo ellos, pueden ser prepotentes en nuestro país.
El sistema que los políticos están creando difícilmente cumplirá con las necesidades de un país que ha probado ya el sabor de la democracia y las libertades individuales. Los partidos han confiscado una enormidad de tiempo a los medios electrónicos, hasta 48 minutos por día en segmentos hasta de tres minutos por hora; pero estos tiempos serán insuficientes para lograr que los políticos, especialmente los menos conocidos, convenzan a la población de sus virtudes.
Las reglas que se han establecido impiden la contratación de tiempos en los medios más prolongados de tres minutos por hora, para tratar temas de fondo. Hacen imposible, también, la realización de debates. El Cofipe ha vuelto obligatorios por lo menos dos debates en las campañas electorales; pero como los tiempos confiscados a las emisoras privadas no permiten su transmisión, tendrán que ser presentados por las televisoras públicas, las cuales tienen un público muy reducido. Las autoridades electorales tendrán que pedir a las emisoras privadas que retransmitan estos debates, sólo que con el actual conflicto entre la clase política y los medios no queda claro que éstos vayan a acceder.
Después de años de liberalización que culminaron en la reforma electoral de 1996, la clase política trata de regresar a un modelo más autoritario. Lo más probable, sin embargo, es que cuando lleguen los nuevos procesos electorales los propios políticos se darán cuenta de que han creado un sistema que producirá conflictos y corrupción. Mucho dinero pasará por debajo del agua para que los políticos compren las coberturas que la ley les prohíbe adquirir.

http://www.revistavertigo.com/Articulo.aspx?articulo=985

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Analisis politico: El IFE, Calderón y Salinas

El IFE, Calderón y Salinas
jorge carrasco araizaga

México, D.F. (apro).- La reforma del Instituto Federal Electoral (IFE) que se negocia en el Congreso de la Unión, está encaminada a quitarle a los grupos de presión el control de los procesos electorales del que se hicieron en años recientes.

En buena medida, es una autonomía respecto del poder fáctico de los medios electrónicos, en especial de la televisión, y de las organizaciones empresariales que, en el proceso electoral de 2006, exacerbaron el enfrentamiento político de la mano del Ejecutivo federal, con la complicidad de la propia autoridad electoral.

Si en la primera mitad de los años noventa se logró de forma paulatina la autonomía del IFE respecto del Ejecutivo federal, mediante la designación de consejeros ciudadanos con facultades plenas de organización de los comicios federales, la reforma electoral que se perfila ahora busca que los partidos políticos, a través de la Cámara de Diputados, controlen los procesos electorales federales.

Por sobrevivencia, el sistema político mexicano ha tenido que reaccionar ante dos situaciones de crisis provocadas por la negativa de los grupos de presión políticos y económicos a permitir el desarrollo de la democracia en México.

En 1988, fue la cuestionada elección presidencial con la que Carlos Salinas de Gortari se hizo del poder. En 2006, el impugnado triunfo de Felipe Calderón, avalado no en las urnas, sino por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

En ambas reformas hay un personaje que une a Salinas y Calderón: Manlio Fabio Beltrones, entonces subsecretario de Gobernación, encargado de la reforma electoral, y ahora coordinador del PRI en el Senado y autor de la iniciativa de la reforma del estado, que entre sus componentes tiene la reforma electoral.

En ambos casos, la izquierda ha sido la agraviada. Primero Cuauhtémoc Cárdenas y, después, Andrés Manuel López Obrador, han evidenciado, en circunstancias diferentes, la debilidad institucional democrática de México.

En la primera mitad de su sexenio, Salinas comenzó con el proceso de ciudadanización del IFE, que como instituto empezó a operar en 1990, aunque todavía era presidido por el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios.

El levantamiento armado del EZLN en Chiapas, en enero de 1994, y el asesinato del candidato presidencial del PRI, Luís Donaldo Colosio, en marzo de ese mismo año, obligó a que la autoridad se apresurara a sacar las manos de la organización del IFE y se nombraran los primeros consejeros ciudadanos.

En 1996, ya con Zedillo en la presidencia, se logró la plena autonomía del IFE que, por primera vez en la historia de México, dio suficiente credibilidad a los procesos electorales. Así fue hasta 2003, cuando se renovó el Consejo General del instituto en un proceso desaseado del PRI y el PAN en la Cámara de Diputados, que a la larga terminó por dinamitar al propio instituto.

Controlado por esos partidos, toda vez que, en un acto de irresponsabilidad política el PRD se negó a participar en la designación de los consejeros porque las negociaciones no le favorecieron, el IFE acabó en manos de intereses corporativos, más que partidistas, con lo que perdió su autoridad.

Elba Esther Gordillo, entonces coordinadora del PRI en la Cámara de Diputados, se quedó con la operación del IFE mediante la designación de un número suficiente de consejeros afines. A su salida del PRI, puso a los consejeros al servicio del PAN y su candidato presidencial.

A favor de Calderón estuvieron, además, el entonces presidente Vicente Fox –cuya desfachatez política puso en peligro la elección, de acuerdo con el propio Tribunal Electoral– y los poderosos grupos empresariales que, mediante un activismo descarado, infundieron el voto de medio entre la población en contra de López Obrador, con el apoyo de los medios electrónicos.

La reforma está encaminada a corregir esos excesos mediante el fortalecimiento del IFE, que también tendrá un mayor margen para fiscalizar a los partidos políticos, en especial por lo que hace a gastos electorales.

El control estará ahora en manos de la Cámara de Diputados, que además tendrá un auditor para vigilar los actos administrativos de los consejeros electorales.

El nuevo diseño conlleva el riesgo de que el IFE quede a merced del Poder Legislativo si es que los consejeros electorales no hacen valer su autoridad, como ocurrió con el Consejo Electoral defenestrado por esta reforma electoral. (23 de noviembre de 2007)

jcarrasco@proceso.com.mx

Los 300 líderes mas influyentes de México

MÉXICO, D.F., 21 de septiembre de 2007. Palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, durante la Reunión con los 300 Líderes Más Influyentes de México, que tuvo lugar en esta ciudad. Muy buenas tardes, queridas amigas, queridos amigos. Me da muchísimo gusto compartir con ustedes este almuerzo a invitación de Jorge y de Raúl Ferráez, de Líderes Mexicanos. Es un gran gusto el poder estar con ustedes en esta presentación, en esta reunión, en esta convocatoria que la Revista Líderes hace con 300 de las mexicanas y los mexicanos más influyentes en la vida nacional. Me da gusto además observar el fortalecimiento de este proyecto editorial, que como ya explicaba Jorge aquí, tuve la oportunidad de conocer hace una década y media. Pienso que siempre las ideas y las experiencias de mexicanas y mexicanos destacados que ofrece esta revista de manera muy original, marcan ejemplos, testimonios y vivencias para seguir en nuestra generación. Es un honor también ver en cada una y en cada uno de ustedes, mujeres y hombres que han brillado con luz propia en la empresa, en la economía, en la política, en el arte, en la cultura, en el deporte. Mexicanas y mexicanos que han demostrado cualidades de dirección, de conducción, de liderazgo, las cuales se ejercen además en beneficio de México. Señalaba también Jorge en su mensaje, que una de las características que ha encontrado en aquellas y aquellos a quienes entrevistan, es el tener un sueño, una visión. Y quizá lo que yo pueda reflexionar este viernes, tiene que ver con esto. Estoy convencido que la clave, no sólo de ser líder o pretenderlo, la clave de vivir con sentido en este mundo es creer, es creer en algo, es creer en algo intensamente, ser capaz de soñar, ser capaz de imaginarlo, creer en algo firmemente. Creer en algo implica también tener la fuerza para sostenerlo, no sólo la fuerza, sino la congruencia vital, escasa en nuestro tiempo, de ser coherente entre lo que se piensa y lo que se dice y todavía más escasa y quizá especie en extinción, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace. Ortega y Gasset, hace ya muchísimos años, aportó al análisis nuestro el estudio de la historia en base a generaciones y mencionaba que la historia se escribe, precisamente, no en una masa uniforme, impersonal, sino más bien en la cadencia que se siguen unas generaciones a otras, que cada generación era una minoría selecta y su muchedumbre lanzada a la existencia con una trayectoria vital determinada. Yo no sé si esta lista de 300, ó de 500, ó de 100, ó de 20, ó de 10, sea una lista adecuada, quizás ni somos todos los que estamos ni están todos los que son, no lo sé. Lo que sí creo, lo que sí sé, es que cada una y cada uno de ustedes tiene algo qué hacer, que cada una y cada uno de nosotros tuvo más oportunidad en este México quebrado por el dolor de la injusticia y la desigualdad. Tuvo mucho más posibilidades que cualquier otro, tuvo más posibilidades que una niña que ni siquiera llegó a los dos años de edad en la montaña de Guerrero. Tuvo más oportunidades que un tarahumara en la Barranca del Cobre, tuvo más oportunidades que una joven en las orillas de Chimalhuacán que ha sido prostituida a sus 13 años en La Merced en la Ciudad de México. Tuvo más oportunidades de ser y de hacer, y este México tiene más que exigirle a ustedes que a esa niña que está en La Merced, tiene más que exigirle a ustedes que hemos tenido oportunidades de aprender, vivir y de ser, que a esos jóvenes que están en la montaña alta de Guerrero o de Oaxaca o de la Barranca del Cobre. Tiene más que exigirnos, que a los que están ahora levantando su puesto ambulante en uno de los ejes de la Ciudad de México, tiene más que exigirnos a nosotros, que a quienes están levantando ahora una cosecha que no les dejará ni para comer los próximos dos meses. Pienso que esta minoría selecta, esta élite tiene una responsabilidad enorme con su generación y con nuestro tiempo; pienso que esta minoría selecta que a final de cuentas marca cadencias en una generación, tiene mucho más que hacer que los demás. Y lo que nos decía Ortega y Gasset es que estas generaciones eran como ejecutores de una larga sinfonía, ni más ni menos que la sinfonía de la historia, y hay momentos en que hay generaciones que se pierden, se hunden, se callan, se opacan en la mediocridad, se opacan en el miedo, en el temor, en la desesperanza, en la inercia. Hay generaciones y sus minorías selectas que nunca se asumen corresponsables de su tiempo, y entonces, como una sinfonía mal ejecutada, como una terrible distorsión, como un colectivo desafinamiento que rompe la continuidad de la música, que hace un estruendo, un chirrido ofensivo incluso a quien escucha, lo que era una larga sinfonía; entonces la historia y la continuidad del hombre se pierden. Cuántas veces en nuestro México se ha roto nuestro tiempo, cuántas veces hemos perdido, cuántas crisis económicas en nuestro México reciente han mandado a más de la mitad de los mexicanos a la miseria otra vez. Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos. Y más atrás, cuántas batallas hemos perdido, cuánto territorio, cuánta mediocridad hemos aportado entre todos para hacer de este país enorme, bendito por sus recursos naturales, por su historia, por su identidad, uno más entre el ciento de países que pueden hacerlo, pero que no lo han hecho. Pero a veces también, amigas y amigos, hay momentos de lucidez, de esplendor, en que esa minoría, esa minoría selecta, ese pequeñito grupo de empresarios, de intelectuales, así llamados; ese pequeño grupo de periodistas y de deportistas y de artistas y de políticos y de servidores públicos y de trabajadores, hace a un lado la gran tentación humana de quedarse sentado a la orilla del camino, hace a un lado la gran tentación humana de quedarse simplemente a descansar los fines de semana, hace a un lado la gran tentación humana de poner a salvo el pellejo y no hacer absolutamente nada que nos comprometa, hace a un lado las grandes tentaciones humanas de ser igual que siempre, y de apostarle un poco más a trascender y a pensar en algo distinto. Y entonces es cuando esas minorías selectas y sus muchedumbres que la siguen transforman la historia y entonces la sinfonía se ejecuta distinto y entonces la música del tiempo y la historia del hombre es verdaderamente trascendente, entonces estamos hablando de una cosa absolutamente distinta a cualquier especie. Eso es, entonces, lo que yo entiendo cuando verdaderamente existen y se ejercen verdaderamente los liderazgos, es cuando implica el ser líder, el ser capaz de trascender, el ser capaz de creer y cuando entre los que creen que hay alguien que es congruente y cuando el que es congruente es no sólo entre lo que piensa y lo que dice y lo que guarda, sino entre lo que piensa y lo que hace, y cuando el que es congruente es capaz de sacrificar y de mover, y cuando el que piensa, cree y hace lo que es congruente, es capaz de escapar a lo que los demás dicen, es capaz de ser, como dice Eliot, el fugitivo. El fugitivo, porque según él, en un mundo de fugitivos el que toma la dirección contraria parece ser el que huye. Cuando alguien es capaz de ser fugitivo en un mundo que huye, es entonces cuando verdaderamente pueden escribirse las cosas completamente distintas. Hay ciertos mandamientos que Gandhi heredaba a la gente de su tiempo, yo citaría quizás sólo tres de los siete que nos ha dejado: Cuáles son los pecados de la humanidad, los vitales; cuáles son los pecados capitales, los siete que nos dejan a ustedes y a mí, las responsabilidades que nos toca vivir y acompañar. Son acaso los tradicionales, los de la vieja filosofía tomista, los del Éxodo, quizás estos pueden quedar ahí, reflexiones propias. Pero pecados nuestros verdaderamente son: uno, hacer política sin principios; hacer comercio sin moral, hacer oración sin sacrificio, hay muchos otros. Pero a quienes tienen la responsabilidad de estar enfrente de otros que los ven y que los siguen, no pueden fallar. Amigas y amigos: Allá afuera, hay un México, ciento cinco y pico millones de mexicanos esperando a ver a qué horas hay una fuerza nacional capaz de entenderse y hablar. Hay un liderazgo, una minoría selecta en la cultura, en la economía, en la empresa, en la política, en el deporte, capaz de mover a este país en una dirección distinta al lamento eterno, que nos han enseñado a ser. Una minoría capaz de creer que México puede ser distinto del México del ya merito, y del ahí se va, y de que tienen la culpa los gringos, o tienen la culpa los empresarios, o tienen la culpa los políticos, o tienen la culpa otros. Un México distinto al que se queda quieto, callado, resignado; un México distinto al que se acobarda frente al que tiene una AK-47 y hace lo que se le da la gana porque los 105 restantes, los 105 millones simple y sencillamente no están en la menor disposición de arriesgar absolutamente nada. Un México distinto al de la oruga docta que pontifica y se sube allá a su torre de marfil y que tarde o temprano queda convertida en pedestal de imbéciles. Un México distinto verdaderamente al que nos enseñó a agacharnos, a resignarnos, a esperar, a criticar y a ver a qué hora pasa una cosa como por arte de magia, como por milagro, como por resignación plena que vierte a las divinidades nuestras tan poderosas, el cambio de la historia. El cambio de la historia, amigos, es responsabilidad absolutamente nuestra, es responsabilidad de los millones de mexicanos que somos, sí, pero especialmente quienes han sido marcados por un privilegio o por una especialidad. Quienes han sido llamados por sus compañeros, por sus amigos, que por estos jóvenes entusiastas y audaces como los que dirigen la Revista Líderes, quienes han sido llamados líderes de México. A mi lo que me queda de reflexión es simplemente, primero, un sentimiento de gratitud por esta reunión, por este ejercicio verdaderamente estimulador que han hecho los Ferráez durante muchos años. Segundo. Un compromiso, un compromiso de no quedarse ni callado ni sentado ni atemorizado ni paralizado. Tercero. Una convocatoria, una convocatoria a si de líderes se trata, amigas y amigos, más vale ser y no parecer, más vale como decía Herrera y Lazo: servir y no brillar, más vale ser vivientes y no supervivientes de la historia nacional, porque la nuestra no es comedia, ni tragedia, sino drama, un drama intenso que tiene muchos espectadores, pero muy pocos protagonistas de verdad. Y finalmente, una invitación a creer, a creer en algo, a creer firmemente en algo que heredar a los que nos suceden, a creer en México, es lo único que tenemos y a final de cuentas, lo único grande que podemos heredar. Y si al final del camino, a pesar de la adversidad, a pesar del viento en contra, a pesar del escepticismo que nos hace dormir sin soñar, es posible entonces, transformar la historia en el momento que nos ha tocado vivir, entonces, estar tranquilos en consciencia plena ante quien verdaderamente puede juzgar sin hacer drama. En pocas palabras amigos, yo los invito a ser lo que se dice que somos, a soñar con fuerza, a creer en lo que soñamos, a ser congruente entre lo que soñamos, decimos y hacemos y, sobre todo, a creer y a creer firmemente en México, a transformarlo, a hacerlo, a transformarlo con audacia, con fuerza, a ser capaces de responder y de rebasar los límites de lo humanamente esperable, los límites de lo conservador, de lo sensato, de lo prudente; a transformar a nuestro país en el México que queremos, un México fuerte y seguro de sí mismo. Un México limpio, un México ganador, un México competitivo, un México justo, en el México que verdaderamente está llamado a ser, el México que será si los líderes mexicanos son capaces de responder a tal título que hoy, gracias a la benevolencia de los hermanos Ferráez, nos ha sido concedido. Así que, amigas y amigos, transformemos a México y entonces sí nos llamaremos líderes del país. Gracias. – – – 0 – – –

Nota: Cabe señalar que el que dio este discurso fue el Presidente Felipe Calderon, el autor que pulico este articulo no lo pude conseguir debido a que este articulo me fue facilitado por un maestro.